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Prat-Gay, El Asesor
Tema: General | Fuente: Revista Tercer Sector. | 01/07/2007
Desde la Fundación Andares, el ex titular del Banco Central brinda asesoramiento a organizaciones que otorgan préstamos a familias sin recursos. Su meta es llegar a 500 mil microcréditos en todo el país en un plazo de cinco años.
Alfonso Prat Gay y Alexandra de Royere tienen en común una importante formación académica y experiencia en el campo de las finanzas y empresas internacionales.
Él trabajó durante una década en la Banca Morgan, fue a los 37 años presidente del Banco Central de la República Argentina (BCRA) entre 2002 y 2004, en plena salida de la crisis más dura del país. Ella, francesa de nacimiento y argentina por adopción, es graduada en administración de empresas y con amplia experiencia en la Escuela de Negocios en América Latina del Centro de Investigación de Harvard.
Ambos coinciden, como presidente y como directora ejecutiva, en la Fundación Andares, dedicada al desarrollo de las microfinanzas, una entidad de segundo piso, dedicada al asesoramiento de OSC y otras instituciones del tercer sector que implementan sistemas de microcréditos.
El sistema de microcréditos, impuesto universalmente por el economista bengalí Muhammad Yunus, fundador del Banco Grameen y Premio Nobel de la Paz "por sus esfuerzos para incentivar el desarrollo económico desde abajo", es la herramienta con la que la Argentina puede aspirar a reducir drásticamente en el corro plazo la población que está por debajo de la línea de pobreza. En la Argentina, sólo el 2 por ciento del mercado potencial de las microfinanzas está dentro de este sistema crediticio, implementado por organizaciones y otros estamentos del tercer sector, donde sobra voluntad pero falta capacitación. Para cubrir esta carencia, en octubre de 2006 cobró cuerpo la Fundación Andares.
"Nuestro objetivo, bastante ambicioso, es conseguir una sociedad sin excluidos, entendidos éstos como todos aquellos que por distintas razones están fuera del sistema y no tienen por lo tanto acceso a bienes y servicios básicos, entre los que hay que incluir los servicios financieros"; explicó Prat Gay. "Las personas que están bajo la línea de pobreza no tienen prácticamente ningún capital ni físico ni, en muchos casos, humano, y la única manera de ir cerrando ese bache de descapitalización es a través de préstamos, que el capital financiero cubra ese faltante para que esa persona pueda salir de la pobreza"; agregó.
El sector de las microfinanzas está muy subdesarrollado. Según un estudio realizado por Andares, en el conurbano bonaerense las instituciones de microfinanzas (IMF) entregaron rnicrocréditos productivos a 24 mil personas, cuando la demanda potencial es de 440 mil. "La meta es llegar a 500 mil microcréditos en todo el país en un plazo de cinco años, que puede parecer muy ambicioso pero no es para nada utópico, y además es una obligación moral"; dijo Prat Gay. Y agregó un dato matemáticamente deslumbrante: "Si pensamos que hay unas 900 mil familias bajo la línea de pobreza, estamos hablando de darles la posibilidad de superar ese umbral al 50 por ciento de ese universo”.
-¿Por qué Andares es una fundación de segundo piso?
-Porque en las microfinanzas no hay garantías reales sino una garantía moral, que requiere un contacto estrecho con el cliente. Entonces, nuestra decisión pasaba por influir en un barrio o apuntar a llegar a todo nivel y multiplicar de la mejor forma posible nuestro impacto en el país, ubicándonos como entidad de segundo piso para apoyar las iniciativas de primer piso.
En esa tarea de asesoramiento hay dos grandes carriles. Uno es el fortalecimiento de las instituciones de microfinanzas en general, donde hay programas de capacitación abiertos y, por delante, un amplio trabajo de armado de una base de datos para la coordinación de tareas.
Con estos objetivos, Andares y la Red Argentina de Instituciones de Microcrédito (Radim) trabajan en un encuentro anual de microfinanzas, que se realizará el próximo 13 de septiembre en Buenos Aires y estarán invitadas a participar instituciones de todo el país, en muchos casos asistencia mediante.
El otro gran carril de Andares es el trabajo focalizado con algunas instituciones, como el caso de la Fundación Progresar, que trabaja en la localidad bonaerense de Garín y atiende con microcréditos a una cartera de 300 clientes. El criterio de selección de la entidad para este asesoramiento integral fue "que apuntará su trabajo hacia el sector más bajo de la pirámide social y que también hubiera voluntad de los emprendedores asistidos a crecer en su zona"; explicó Alexandra de Royere.
Esa voluntad de crecer se traduce en un ambicioso proyecto para pasar en pocos años de los actuales 300 clientes a 7 mil, una cifra que parece desmedida pero que si se tiene en cuenta que el micropréstamo promedio es de 600 pesos involucra en números concretos una cifra cercana a los cuatro millones de pesos.
"Lo que se requiere es mucho profesionalismo. No se trata de un problema de demanda, porque las cifras no son desmesuradas, sino que los cuellos de botella pasan por los recursos humanos, por la capacitación de nuevos emprendedores sociales"; dijo De Royere. "Hay que entender que las microfinanzas no son finanzas pequeñas, la tecnología es muy compleja en el día a día, muy costosa, para poder crecer se necesita disciplina operativa” agregó. (Prat-Gay)
Los valores de los micropréstamos y el efecto que éstos tienen en la vida personal y familiar de los emprendedores “es una tensión con la que vivimos a diario; por un lado vemos lo poco que hace falta para cambiar una historia y por el otro vemos la cantidad de historias. Por un lado vemos lo poco que hace falta para cambiar una historia y, por el otro, vemos la cantidad de historias familiares que no podemos cambiar porque no llegamos adonde hay que llegar”, asegura Prat Gay.
-¿Cómo es la relación con la actividad política partidaria, que tiene cooptados algunos movimientos sociales en la franja más pobre de la sociedad, que es donde también actúan los partidos tradicionales con el sistema punteril?
-Depende qué tan abajo vayas en la base de la pirámide. En un país donde nos entusiasmamos mucho con las soluciones mágicas, hay que tener cuidado. Las microfinanzas ayudan a reducir la pobreza, pueden tener un alcance importante, pero no van a resolver el problema de la indigencia. Allí es donde un crédito se consumiría rápidamente porque no alcanza para satisfacer las necesidades básicas. Entonces, hay una franja donde conviven la asistencia social con las microfinanzas, y ahí muchas veces la interacción no es buena -explica Prat Gay.
Una muestra de esa tensión entre la actividad política tradicional y el trabajo del tercer sector quedó plasmada en un video que filmó reciente una fundación de San Roque, una pequeña localidad de Corrientes, donde prácticamente todos los prestatarios admitieron que lo primero que les llamó la atención cuando les ofrecieron los microcréditos fue que no les pidieran nada a cambio.
"La manera de romper con esa cultura es a través del ejemplo. Cuando llega la institución de microfinanzas a un barrio y comienza a buscar clientes puerta por puerta, una vez que se rompe la desconfianza inicial empieza a jugar mucho el boca a boca. Y esto es porque es el único instrumento que preserva la autoestima y la dignidad de quien lo recibe, porque la iniciativa es de quien asume el compromiso de devolver cada semana una pequeña cuota, y al pagar, lo hemos visto, viene feliz porque se siente incluido"; dice Prat Gay.
Eso explica las razones del gran descubrimiento de Yunus: “cuando asumen un compromiso los pobres pagan proporcionalmente mucho más que los ricos”.